18 de abril de 2018
Dos días más tarde de la eliminación en el Federal C, el industrial venció a Boca en el partido que completó la quinta fecha del certamen liguista. Fue superior a su rival y con dos goles muy oportunos en cuanto a momento de partido, pudo hacer la diferencia que protegió con suficiencia.
Sergio Valdez convierte –en el cierre del primer tiempo- el primer gol de Piazza ante Boca. NACHO CORREA
Por Silvio Randazzo, de la Redacción de EL TIEMPO
La incógnita pasaba por advertir la reacción anímica de un grupo de jugadores que el domingo fue duramente golpeado. Porque la campaña de Piazza en el Federal C tuvo ribetes históricos para la propia historia y dejó la vara alta para lo que es el criterio habitual con el que un equipo afronta esta competencia. Pero hasta que todo ese logro, ese “éxito” comienzo a aflorar entre el barro de la desazón, Piazza debe afrontar el desafío anímico, emocional.
Este partido de sobremesa de martes, 48 horas después de volver herido desde Olavarría, oficiaba de oportunidad de dejar en claro –puertas adentro es más fácil constatarlo– ante sus hinchas que el carácter puede cicatrizar. Y si bien en ciertas pequeñas situaciones se evidenció el sentimiento de tristeza (por ejemplo, en la celebración de los goles), ante Boca en la Villa, el industrial no tuvo mayores inconvenientes futbolísticos para ganar y cristalizar su liderazgo en la tabla.
El xeneize pugnó inicialmente por presionar a los defensores locales, en todo lo ancho, quizá con la pretensión de que el intento criterioso se transformara en pelotazo para saltar líneas. Piazza conseguía resolver esa propuesta, conectar con sus volantes y avanzar como estructura. Nicolás Castro ya asomaba como gestor recurrente y más criterioso entre los piazzistas; sus socios más habituales eran Esteban Valdez (el vértice trasero de cada triangulación) y Parodi. Ese andamiaje ofensivo, casi sin referencias fijas, confundía al fondo boquense; “Choni” era el hombre que Boca no encontraba -la alternativa a Castro-, el delantero que bajaba hasta Esteban Valdez para hacerse de la pelota y fomentar un espacio que ocupaba Pouyannes o, más esporádicamente, Giménez.
Boca surcaba la cancha como una mera resistencia a la supremacía rival. No podía sostenerse en faz ofensiva y las segundas jugadas en zona media, le pertenecían -muchas- a Esteban Valdez. El anfitrión potenciaba lo homogéneo de su dominio y por izquierda ‘tendenciaba’ su avance (sin demasiada ramificaciones profundos de momento).
Cuevas y Borda, en suspensión. Piazza ganó sus cinco partidos en el Apertura y es el líder con 15 unidades. FOTOS NACHO CORREA
Esa carencia de ocasiones de gol, hacía ver la tenencia piazzista como una distracción del juego, aunque resultaba altamente efectiva para que Boca no consiguiera preocuparlo. El elenco de los Rígoli y Di Prinzio, al menos así lo parecía, aguardaba por una jugada, por una pequeña alineación de planetas que le permitiese la ventaja y, con ello, un nuevo panorama a un partido donde el centro del ring no le pertenecía.
El tramo final de la etapa trajo como novedad el distanciamiento de Piazza del timón del encuentro. Lo que hubo de ser control notorio, devino en un equilibrio marcado, con los delanteros auriazules disponiendo ahora de acciones en las que iban por los defensores industriales de cara al arco. El error conceptual que cometía Boca era apresurar las resoluciones cuando las jugadas ya se tornaban plenamente de ataque.
El ocaso del primer tiempo trajo el primer gol del partido, con casi todo el conjunto local contra el área rival: Borda controló por la izquierda en posición de ataque, mandó un centro suave al segundo palo que Carmona no pudo rechazar y con un panorama muy favorable, Sergio Valdez -pese a patear algo pifiado- venció a Cueva con un balón cruzado.
Ese tanto fue tan oportuno como el segundo de Piazza, segundo de Valdez, no bien iniciado el segundo tiempo. A los 4’, esta vez desde el flanco derecho, Giménez envió un muy buen centro al punto penal, el 9 se hizo Obelisco ante su marca y cabeceó al poste diestro de Cuevas; la pelota rebotó allí e ingresó.
Retomando cierta escenografía futbolística de la mitad inicial, Piazza gobernaba a placer el trámite en ese primer cuarto de hora. Los goles le acomodaron mucho un encuentro que se había alejado de sus preferencias antes del descanso. De aquí en más, no sólo podía superar a su rival, sino que éste debía aventurarse hacia Barbieri con dos goles en contra. Mucha vinculación interna entre los villeros, a partir de Esteban Valdez e invirtiendo pases cortos, Castro, Parodi y Pouyannes producían tenencia, descanso y variantes para abrir camino. De lo que carecían era de intensidad y verticalidad rumbo al arco visitante.
Boca no conseguía revertir la manera en que se desarrollaba la discusión futbolística. Entendía que Piazza podía comenzar a sumar festejos con relativa facilidad si es que se desquiciaba en pos del descuento y el empate después; pero resultaba una obviedad que si no asumía riesgos y no practicaba una actitud más invasiva que le proveyera de ocasiones, de igual forma se iba a retirar vacío del Félix Piazza. El que quizá mayores posibilidades tenía de generar peligro de manera individual, era Juan Fernández.
En tanto la reacción de la visita no se materializaba de manera contundente, en tanto Barbieri continuaba espectando preferencialmente todo a su alrededor, lo que restaba para Piazza era proteger el estado de las cosas, evitar grandes alternancias y que el tiempo pase. Lo hizo relativamente bien, hasta que (como ha venido sucediendo) un balón por alto en su área generó zozobra a los 42’. Andrés Cardoso buscó por detrás de todo un tiro de esquina desde la derecha, arco de la avenida, y cabeceó por alto para anotar un muy lindo.
El descuento inyectó una vitalidad que hasta entonces resultaba costosa de imponer a Boca. Fue contra el 1 industrial, pero los ímpetus habían llegado demasiado tarde como para impedirle a Piazza ensayar una celebración tibia y pasar a ocupar la cúspide de las posiciones.
Piazza 2
Boca 1
Piazza

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